Habilidades Socioemocionales en el Proceso Constituyente

El resultado del «Apruebo» en el plebiscito del 25O da comienzo al proceso constituyente. Esto permitirá que Chile tenga nuevas reglas del juego: una nueva Constitución. Este proceso pondrá sobre la mesa las habilidades socioemocionales de todos los ciudadanos chilenos, siendo un desafío para su desarrollo y manifestación. ¿Visiones en pugna, o apreciación de la diversidad?

Chile está viviendo un proceso histórico. Con el triunfo del «Apruebo» en el plebiscito del domingo 25 de octubre de 2020, se da comienzo a un proceso constituyente que dejará la opción de votar por una nueva constitución en el año 2022.

¿Qué tiene que ver esto con las habilidades socioemocionales? ¿Por qué tocar un tema político, si lo que nos interesa es el Aprendizaje Socioemocional?

Sí, el proceso constituyente que comienza ahora es algo político, pero no pertenece a los políticos: nos convoca a todos como ciudadanos chilenos, desde niños hasta adultos mayores. Todos sumamente diversos, con experiencias, creencias y posturas tan diferentes que pueden incluso llegar a chocar entre sí.

Y esta diversidad nos lleva a poner en juego todas nuestras habilidades socioemocionales. De no hacerlo, corremos el riesgo de dividirnos en vez de unirnos. Esto pondría en peligro las vías pacíficas y de diálogo que se abren.

¿Quieres saber por qué? Te invito a seguir leyendo.

¿Por qué «proceso constituyente» y «habilidades socioemocionales»?

Comienza un proceso de diálogo y discusión intensos, donde el objetivo último es establecer las reglas básicas del Estado. En este proceso de diálogo y discusión, se pondrán en juego las habilidades socioemocionales de todos los chilenos. Será tema de conversación en casa, los compañeros de curso compartirán sus puntos de vista en los colegios (sea o no mediado por los profesores), se tocará el tema en los lugares de trabajo y entre amigos

Nadie quedará indiferente. Esto abre posibilidades infinitas para manifestar y desarrollar estas habilidades en distintos contextos (colegio, casa y trabajo): escuchar, expresarse, llegar a acuerdos…

El proceso constituyente y la respuesta emocional

Hoy, al menos 5.886.421 de chilenos tienen la esperanza (una emoción muy potente entre la tristeza y la alegría) de que las reglas del juego van a mejorar en relación a las que están hoy vigentes (entiéndase, la Constitución de 1980). Esto en sí mismo puede traer alegría, al tiempo de incertidumbre. Estamos entrando en un proceso de cambio.

Hay otros tantos (al menos 1.634.107) que no querían entrar a este proceso y que pueden estar sintiendo una multiplicidad de emociones. Imagino que la más llamativa puede ser el miedo ante una situación que se percibe como incierta y amenazante. En realidad, podríamos hablar de ansiedad, ya que lo que se vive es más bien un miedo ante un peligro imaginado o posible, que una situación que puede ser eminentemente peligrosa (como caer de un precipicio o el ataque de un animal salvaje).

El proceso en sí tiene el potencial de activar una gama muy amplia de emociones en las personas. Alegría, esperanza, amor, pero también rabia, miedo, tristeza y, una muy peligrosa, odio. Estaremos en un proceso que de por sí tensionará las visiones de mundo, las expectativas, las creencias. Tendremos que ser capaces de regular aquellas emociones que aparezcan, especialmente cuando algo no esté saliendo como esperamos (frustración).

Es fundamental, entonces, que nuestro repertorio de habilidades socioemocionales se active para que el proceso constituyente saque a relucir lo mejor de todos los ciudadanos chilenos, y no nos entrampemos en rivalidades, discriminaciones, exclusiones, venganzas, ataques, etc.

Socioemocionalidad, cambio y reestructuración

Todo esto trae cambio y reestructuración, lo que podría percibirse como un conflicto: ideas y visiones de mundo divergentes que se ponen sobre la mesa para ser discutidas. Se deberá elaborar una solución que las contemple e integre, para lograr una constitución que sea representativa.

Berger, Milicic, Alcalay, Torretti, Arab y Justiniano (2009) proponen un programa de desarrollo socioemocional que contempla distintas áreas a ser trabajadas sistemáticamente con estudiantes de tercero y cuarto básico. Estas están interrelacionadas entre sí, y demostraron ser efectivas para el desarrollo socioemocional y la inclusión de la diversidad en el aula. Las competencias o áreas de desarrollo socioemocionales son:

Este modelo de habilidades socioemocionales desglosa algunas competencias que en el modelo de CASEL están integradas en otras. Es el caso de la búsqueda de solución pacífica de conflictos, que en el modelo de CASEL se integra en las competencias interpersonales.

Resolución de conflictos

Los conflictos suelen aparecer cuando no se aceptan las diferencias (de ideas, de conductas, etc.) entre las partes involucradas.

Algunos conflictos pueden ser resueltos fácilmente utilizando la violencia: un niño que encuentra que su compañero está siendo muy pesado con él, podría propinarle un combo para que lo dejen en paz.

¿Es efectivo? Posiblemente sí. ¿Es adecuado? En absoluto: las consecuencias de un acto efectivo pero violento son múltiples y terminan afectando no solo a las partes involucradas, sino también al entorno en el que los individuos se desenvuelven. El extremos es normalizar la violencia, lo cual en sí mismo es gravísimo y sumamente dañino. En estas situaciones, se producen escaladas de violencia que son difíciles de revertir.

Por lo mismo, la búsqueda de solución pacífica de conflictos es algo que se debe aprender (y enseñar) a los niños y – en algunos casos – también a los adultos.

Para lograrlo, es fundamental que seamos capaces de tener una actitud de apertura y de respeto por las ideas del otro. ¿Qué implica esto? La piedra angular es comprender que quien piensa diferente a mí no es mi enemigo, sino alguien que ve la realidad de forma distinta a mí (Alcalay, Berger, Milicic y Fantuzzi, 2012).

Las Habilidades Socioemocionales en juego

Esperemos que todo el proceso constituyente, desde aquí hasta que empiece a regir la constitución que sea elegida (la de 1980 con sus reformas, o la que será escrita en este periodo) prime una actitud socioemocionalmente competente, en que las personas:

… se expresen con un lenguaje emocional adecuado, pudiendo expresar con precisión lo que sienten.

… tengan consciencia de sí mismos, registrando sus pensares y sentires, y aquello que les resuena en el día a día, sin atribuirles sus propias vivencias a otras personas, delimitando aquello que «me ocurre a mí» de lo que «me producen los otros».

… tengan consciencia de los otros, considerando aquello que les ocurre a los demás, pensando en construir situaciones de bienestar y diálogo también para ellos (y no sólo para sí mismo), mostrando empatía.

… sean capaces de autorregularse, expresando las emociones de forma adecuada, sin devenir en situaciones de mayor conflicto.

busquen soluciones pacíficas a los conflictos, entendiendo que las formas violentas de afrontar las diferencias aumentan los conflictos, pudiendo «generar resentimiento y deseos de venganza» (Alcalay et al, 2012). Además, que sean capaces de ver a quien piensa diferente como una persona, y no como un enemigo.

… tengan una mirada optimista de los acontecimientos, situaciones, valorando el proceso en sí mismo, las características propias y también de los demás (algo nada sencillo si nos centramos solo en las diferencias).

… muestren actitudes y conductas acordes con la integración social, en que nos podamos relacionar con otros, pertenecer a grupos diversos y cooperar entre todos.

… mantengan sus habilidades de comunicación, pudiendo escuchar a los demás y expresándose de forma adecuada, sin imponer las propias ideas y creencias.

¿Qué puedo hacer?

Durante los años venideros, en más de una ocasión tendremos la oportunidad de conversar (y quizás discutir) con personas que piensan distinto a nosotros respecto de la carta fundante que nos regirá.

Cuando esto ocurra, es importante tener en cuenta lo siguiente:

  • Mantendré una actitud respetuosa por el otro, y esperaré recibir un trato igualmente respetuoso.
  • Recordaré que tanto yo como la otra persona hemos vivido experiencias diferentes, manejamos información diferente, y por lo mismo es muy probable que pensemos diferente en muchos puntos. Intentaré encontrar puntos de acuerdo.
  • Escucharé de forma atenta lo que tenga que decirme, sin tratar de imponer mis ideas.
  • Expondré mis ideas de forma respetuosa y clara.
  • Si estoy discutiendo con alguien que quiero, tendremos claro que nuestro afecto no se verá interferido por nuestras ideas.
  • Si la conversación o discusión se pone álgida, propondré encontrar un espacio para volver a la calma y luego continuar conversando. Evitaré usar expresiones como «tranquilo/a», ya que suelen alterar más a la persona. Mejor propondré un «tiempo fuera» para detenernos y volver a la calma.
  • Aprenderé a separar la idea que se discute de la persona que la plantea. De esa forma, el vínculo con él/ella no se verá afectado.
  • Evitaré aprovechar el anonimato que me dan las redes sociales para decir cosas que pueden ser ofensivas o fuera de lugar.
  • Tendré en cuenta que de la diversidad de ideas, creencias y opiniones pueden surgir propuestas creativas, siempre que nos escuchemos con respeto y sin menospreciar ni menoscabar al otro.

¿Te ha parecido interesante este artículo? ¡Compártelo con tus familiares, amigos y conocidos!
¿Quieres tener acceso a más contenido sobre aprendizaje socioemocional, educación emocional, bienestar y salud mental? Sígueme en el Instagram @aprenderconemocion para estar al tanto de todas las novedades.
¡Comparte tu opinión en los comentarios!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *